sábado, 19 de enero de 2013

NADERÍA: CADA DÍA

Por Eduardo Jiménez Marqués
http://aragon365.blogspot.com

Amanece el nuevo día. Abro los ojos sin fuerza. Veo la claridad del nuevo sol. Cierro los ojos y pienso te tienes que levantar, pero mi niño interior me ayuda y dice cinco minutos más.
La luz es mas intensa en la habitación, ahora si que me tengo que levantar o si de lo contrario voy a llegar tarde a todo.
¿Qué es mas importante disfrutar del nuevo día que acaba de amanecer o pensar en lo negativo?
¿Por qué pensamos en negativo?
Ambas preguntas no tienen respuesta, simplemente porque no nos ponemos a pensar la razón o razones, de nuestra cotidianidad, simplemente nos dejamos llevar por los acontecimientos diarios, mas o menos planificados.
Actuamos como robots semi-programados.
Bueno salto de la cama y conecto la radio, allí está Carlos Herrera llamándonos “Camastrones”, simplemente porque el duerme de día y trabaja de noche.
Escucho las noticias, es curioso siempre son malas, en caso contrario no serían noticias.
Me ducho rápido, miro el reloj, tendré que acelerar o no voy a llegar, mi corazón se excita por la tensión nerviosa, que me produce la ansiedad de no llegar.
Me calmo, me salto el desayuno, tomo mi infusión rápidamente, enfriada con agua fría del grifo, pienso si te hubieras levantado antes podrías desayunar mejor.
Termino de vestirme cojo los papeles o lo que sea y salgo rápido de casa, el ascensor está ocupado, pienso ¡vale! Cuando se tuerce todo sale mal, no hay problema.
Viene el ascensor, bajo al garaje, arranco el coche, salgo y llego a la carretera, ahora tengo mis veinticinco minutos de atasco, para recorrer nueve kilómetros. En fin me toca delante un “pisa-huevos”, en la radio sigue Carlos y los anuncios dicen “ponle freno”, buena campaña, de publicidad y de acción ciudadana.
¡Qué coño de freno voy a poner si voy rodeado de coches parados!
Al final del atasco un semáforo y un Guardia Urbano haciendo señales de, que circulemos más rápido,
¿Por qué no dejan funcionar a los semáforos y si están mal que los programen mejor. Estamos en la era de las comunicaciones y no hay un solo ayuntamiento que sepan programar los semáforos a las necesidades del tráfico.
Alrededor de mi mucho ruido. Ruido físico pero también, ruido mental, voy pensando no llego, ese imbécil, vale otro guardia provocando embotellamientos, miro el reloj, veo que no llego y pienso además no voy a encontrar aparcamiento.
Bien yo era feliz viendo como clareaba el nuevo día, ahora una hora después no se como es el nuevo día, no siento su luz, no noto su calidez, no veo a mi alrededor, mas que incordios que retrasan mis planes artificiales.
Llego al destino, no hay aparcamiento, como es simplemente subir y bajar, decido dejarlo en doble fila, subo a la oficina dejo el papel, bajo y ya hay otro desesperado que toca el claxon para que le quite el coche, le pido disculpas y arranco mi coche, me aparto, sale el coche que yo tapaba, sale lanzado en post de de su “caza”.
Decido dejar el coche allí aparcado y moverme caminando y en transportes públicos.
Me acerco a la parada del Bus, hay mucha gente, comentan de que hay semi-huelga de las autobuses y que por eso van mas lentos, después de esperar veinte minutos, veo que he perdido el tiempo, ya llego mal a todo.
Vuelvo a buscar mi coche y digo interiormente: ¡Viva el transporte público!
Creo que es una batalla sin definir, llegara el día el que el transporte publico este automatizado y funcione adecuadamente, pero mientra funcione mezclado todo tipo de tráfico y lo lleven personas, el Transporte publico invertirá mucho tiempo.
Cuando llego al coche me encuentro con que me han puesto una multa, al inicio de la calle había una señal.
Los recaudadores municipales saben donde tienen los cados y hacen su labor, pienso: “alcalde menos multas y mas seguridad ciudadana”.
Da igual, los políticos, viven a costa del pueblo y se desplazan en coches oficiales y si el tráfico está denso colocan motoristas que les abran paso con sus sirenas.
Pienso y digo para mi interior, esto es una batalla cotidiana, no es vivir, no he hecho nada y me siento estresado, cansado y todo por el ruido y el fragor de lo cotidiano, he salido de casa a las ocho y ya es mediodía y aquí estoy en la soledad, de la gran ciudad, y con mi multa, metido en la batalla diaria para hacer algo, que no se para que sirve.

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